Por fin… Por fin me doy cuenta de que es mentira. De que no puede ser que la gente desprenda tanta felicidad y que a la vez se vendan tantos millones de antidepresivos.

No entiendo a la gente. No entiendo esa necesidad de hacer parecer a los demás cosas que no son. Me explico: no entiendo por qué hay que aparentar ser feliz, vivir en un piso/casa perfectos, tener un/a novio/a ideal, millones de amigos divertidos, una gran familia avenida, unos hijos ejemplares, etc. Sí, eso hacemos, y luego, para dar credibilidad al asunto, decimos alguna cosa negativa (real), pero sin gran importancia y que no nuble esa vida idílica que nos inventamos (“uy, pero pago mucho de alquiler!” Pero sí, nos la inventamos, o almenos esa no es mi vida, ni creo que la de la mayoría.

¿De qué tenemos miedo? ¿De parecer aburridos? ¿De parecer tristes, solos, desgraciados…? ¿por qué nos importa tanto lo que piensen de nosotros los demás y valoramos tan poco nuestra vida real? ¿ De qué nos sirve colgar esa foto fantástica en la red, dónde parece que nuestra vida es maravillosa, como un cuento de hadas, si la realidad no es esa? Si nos hemos enfadado porque no nos hacían bien la foto, porque no quedábamos perfectas, si hemos estado 20 minutos poniendo bien esa comida en el plato y retocando los colores y texturas, si nos hemos vestido de gala de cintura para arriba, y abajo llevamos los pantalones viejos de hace 8 años, si hemos sonreído y justo apagarse el “flash” nos hemos echado a llorar… ¿Para qué hacemos tantas tonterías? ¿A quién queremos engañar?

No tengo una familia perfecta. En ella tengo familiares que se quieren mucho, que son generosos, que se sacrifican por los demás… pero también tengo familiares cercanos que se critican, algunos que no se hablan, otros que mienten, algunos pocos que no se preocupan de nadie y van a su rollo, otros que se creen mejores que nadie… hay de todo, como en la vida. Pero no tengo miedo de reconocerlo, no tengo una familia perfecta, simplemente porque nadie es perfecto.

No tengo miedo de decir que paso malos momentos, que a veces me veo mal físicamente, que a veces estoy triste, sin fuerzas, sin ganas, sin apetito… que a veces echaría a correr e iría lejos, muy lejos…

No me siento vulnerable si reconozco que a veces me siento sola, que siento que tengo mucha gente y poca a la vez.

No pienso que la gente me admire menos por decir que lloro de vez en cuando, que me gustaría vestir mejor, que me gustaría tener más estudios, que me siento menos afortunada que otros, que me gustaría tener más paciencia, reír más y gritar menos.

Soy sincera: envidio a aquella gente que tiene tantos amigos verdaderos, una familia siempre unida y feliz, un buen trabajo (con un buen sueldo), un buen marido/una buena mujer, unos hijos perfectos… de verdad que los envidio mucho, pero, aunque reconozco que me ha costado lo mío, me he dado cuenta de que envidio algo que no es real. Que aquellos que presumen de todo esto, probablemente tengan una vida muy parecida a la mía e irónicamente ellos mismos me estén envidiando a mí por lo mismo. Curioso ¿no?

Yo no tengo miedo de contar mi historia, de explicar mi vida y por supuesto, de no inventármela.

 

Siempre en línea,

Lilium

 

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