Por fin… Por fin se acerca Navidad. Cuantas opiniones diferentes acerca de la Navidad ¿verdad? Para unos una época entrañable, dulce, de alegría, de juntarse con la familia, de vivir momentos mágicos, de ilusión, de anhelo… Y para otros una época triste, melancólica, de recuerdos, de carencias, de soledad…

Yo creo que la Navidad es muy camaleónica. Dependiendo de tu situación personal actual la vives de una manera o de otra. Pero lo que sí que pienso que pasa irremediablemente es que la Navidad cambia drásticamente en todas las familias en el momento de una pérdida. Una pérdida de un ser querido (si queréis hablaré más detalladamente del proceso de duelo en otro post) marca un antes y un después en la manera de celebrar la Navidad. Ya puede haber sido la familia más feliz y más entregada a la Navidad, que cuando falta aquella persona, aquel pilar tan importante para la familia, que aquellas fechas se convierten en un mar de recuerdos y lágrimas. “Ya no es lo mismo”. Cuántas veces habré escuchado esta frase… En mi familia fue mi abuelo. Él, sin quererlo ni saberlo, marcó un antes y un después en la celebración de la Navidad en mi familia. Esas miradas tristes, esos silencios vacíos, esos regalos perdidos… También puede ser un divorcio, una separación, un familiar en un país lejano, etc lo que marque las ganas con las que uno da la bienvenida a la Navidad.

A veces, con el tiempo, con los años, se llega a aceptar la nueva situación y resurgen esas ganas de Navidad de antaño. Ayuda mucho la llegada de nuevos miembros a la familia, parejas, hijos, nietos… Pero sea como sea la Navidad es un periodo que saca a relucir sentimientos.

La Navidad nos vuelve humanos. No hace parar unos días, aunque sean pocos, y nos saca de nuestras vidas ajetreadas para darnos un respiro y pararnos a sentir. Sentir alegría o sentir melancolía y tristeza, pero al fin y al cabo, todo es sentir. Y eso nos hace despertar, crecer, madurar, afrontar la vida de manera diferente. Nos “obliga” a juntarnos con familia, o almenos a recordarla, nos “obliga” a comprar regalos, a comer bien, a reflexionar, a cantar, a pensar.

Sea cual sea nuestra situación, aprovechémonos todos de este periodo de fiestas. De buscarnos y encontrarnos a nosotros mismos, de crecer como personas y de darle otra visión a la Navidad. Una visión más reflexiva, de crecimiento personal.

Si tenéis fiesta esos días y familia alrededor: disfrutad. Disfrutad de todo: de la comida, de las canciones, de compartir, de reír, de bailar, etc.

Y si por lo que sea trabajáis, tenéis a la familia lejos, o por lo que sea no queréis celebrar la Navidad, buscad por otro camino. Reflexionar y soñar también son acciones beneficiosas para uno mismo. Valorad lo que sí tenéis y no os dejéis manipular ni deprimir por ese sentimiento melancólico que nos hacen ver que desprende la Navidad.

No busquéis lo invisible y valorad lo que la vida os pone delante.

 

Siempre en línea,

Lilium

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